Entrevista Roberto Palumbo

SB: ¿Por qué colecciona arte? ¿Qué significa su colección para Ud.?

Yo colecciono porque me gusta mucho el arte y colecciono solo arte chileno porque soy un enamorado de la historia de Chile. Yo creo que los cuadros, de alguna forma, van transmitiendo lo que fue la historia de nuestro país en términos culturales, sociales, económicos o de belleza. Lo que más me gustaría, es tener más cuadros de guerra, me encantaría tener un cuadro de Pedro León Carmona, u otros de Fray Pedro Subercaseaux, de alguna batalla importante (como Chorrillos o Miraflores). Igualmente, tengo un cuadro de Fray Pedro y de su padre, Ramón Subercaseaux, que muestra la torre de la Catedral de Rancagua, donde O’Higgins presenció la batalla de Rancagua.

Ahora también tengo una cosa hereditario, porque en la casa de mi madre y de mi abuelo, había cosas bonitas, de pintores. De hecho, mi bisabuelo, Enrique Cerda del Pedregal,  fue discípulo de Jarpa y tengo algunos cuadros bastante bonitos pintados por él. Creo que por allí me nació la inquietud y después lo fui complementando con el gusto por los remates, por las colecciones particulares, por los museos. Para mí, la colección es una cosa muy valiosa. La quiero mucho y tengo esta sensación de que a los jóvenes hoy día no les interesa mucho, entonces tengo esta inquietud de que cuando me muera, nadie se va a quedar con esto, se va a desperdigar.     

 

SB: ¿Entonces hay un núcleo heredado de obras?  

Dos o tres son heredados de mi familia, y el resto fue comprado. 

 

SB: ¿Cuál fue el primer cuadro que compró, a qué fecha y en qué circunstancias? 

El primer cuadro que compré es «La Gitana Esmeralda» de Ramón Subercaseaux, en 1978. Un cuadro precioso que muestra el jardín que tenía don Ramón en el Llano Subercaseaux. Hoy en día es la Municipalidad de San Miguel. Fíjese que cuando recién me había ido a vivir solo, a los 28 años, en un departamento de la calle Ismael Valdés, tenía solamente una cama, no había comprado nada todavía, y salió este cuadro en un remate en la casa antigua de don Ramón Eyzaguirre, en Alameda con San Martin, me parece. Fui a la vista el día anterior y cuando lo vi, se me produjo una sensación de alegría, de belleza. Al día siguiente, fui al remate y lo compré. Me costó bastante plata, estaba recién recibido de abogado, pero hice el sacrificio de comprarlo. Pedí incluso un crédito al banco para pagarlo. Este es el primer cuadro de la colección. Lo admiro, un cuadro muy bonito.

En la casa de remates Eyzaguirre, en ese momento se remataban los mejores muebles, cuadros, objetos. Don Ramón era un gran martillero.

 

SB: ¿Cómo ha ido configurando su colección, después de este primer cuadro? ¿Qué autores ha privilegiado o qué criterios ha tenido?             

El criterio fundamental es la belleza y, por supuesto, la calidad del pintor. He comprado mucho en remate, tanto con los Eyzaguirre como con Carroza. Con Carroza he comprado mucho. Y también he comprado a partir de datos que me han mandado amigos o personas conocidas que me dicen que hay un cuadro que se vende de forma privada. Ahora bien, tengo ciertas manías en la colección. Por ejemplo, tengo muchos paisajes, prácticamente todos de Chile, salvo un Orrego Luco, que muestra Venecia. También tengo un Boldini que muestra a Eugenia Huici, y que pintó fuera de Chile, pero en general es una colección «costumbrista». Entre otros, tengo un cuadro de Fernando Meza, de la generación del Trece, que se llama «La Pavana». Es una vista que tenía desde mi departamento en el Parque Forestal hacia el Mapocho. Está muy bien logrado, un pintor bien escaso, que murió muy joven, pero que tenía mucho talento. Así que, en general, privilegio esto: lo que es costumbrista, que tenga alguna relación conmigo. Por ejemplo, este cuadro del Santa Lucía, de Cosme San Martin, se relaciona con mi antigua oficina, en Miraflores 130, esquina Moneda, un edificio de 18 pisos. De allí tenia la vista exactamente allí, era ver el cuadro. Entonces cuando salió a remate, dije «No puedo dejar de comprarlo».   

 

SB: Entonces privilegia paisajes, paisajes urbanos, más bien de Chile. Me encanta uno de Helsby, «Nevando en Providencia». 

Este es un hecho histórico. Fue una nevazón en 1912. Este edificio que se ve al fondo, es el convento de las Madres Canadienses que vinieron a hile con Bernarda Morín. Esta es la casa matriz de las hermanas canadienses que luego construyeron esta iglesia que se quemó en Providencia, casi llegando a Salvador [Nota SB: Iglesia de las Hermanas de la Providencia, que se incendió en enero de 2022]. Este es un cuadro muy bonito, él fue un gran pintor, notable. 

 

SB: Veo también que tiene mucho interés en Ramón Subercaseaux. 

Si, un gran pintor y lo admiro mucho como persona también. He ido comprando a medida que han ido apareciendo, pero este primero que compré, lo encontré espectacular y fue el origen de mi gusto por Subercaseaux. Después tengo uno muy bonito que es una fuente de Diana en Versailles. Y otro del Cerro Castillo, que hoy es de Carabineros de Chile, pero que fue el Palacio Brunet.   

 

SB: ¿Y Manuel Thomson? También parece que le gusta mucho, porque tiene cuatro obras suyas.

Hay un cuadro de Thomson que me encantó. Tuvo una polémica muy grande cuando lo compré porque nos lo peleamos con otro gran abogado con el cual habíamos tenido un juicio, que ganamos nosotros. El empujó más alto, quizás por un poco de rabia. Pero pasaron quizás 10 o 15 días, y el cuadro volvió a salir a remate, entonces saqué la conclusión que lo había comprado por molestarme. Entonces allí lo compré.

 

SB: ¿Cree que les faltan autores en su colección?

Por supuesto, en primer lugar Somerscales. Nadie puede ser un buen coleccionista si no tiene un Somerscales, pero son para ligas mayores. Nunca he tenido ni la posibilidad remota de comprar uno. Y José Tomás Errázuriz, también me gustaría tener un cuadro de él porque lo encuentro un gran pintor. Estas flores que pintó en Inglaterra, por ejemplo. Estos dos pintores son los que me gustaría tener algún día. Somerscales, es imposible, pero Errázuriz quizás es más accesible.    

 

SB: Es una colección que ha variado muy poco desde la publicación de este libro compilatorio que es de 1997. 

No, no ha variado nada. Pero lo que pasa, es que ya no cuento con espacio. Tendría que empezar a colocar cuadros en el techo. El único cuadro que he comprado después del libro es uno de Ramón Subercaseaux que muestra la Plaza Italia, recién inaugurado el monumento a Baquedano. Pero es por una razón práctica, porque ya no tengo murallas. Y quiero cuadros para mirarlos. Tampoco he vendido algunos de mis cuadros, a pesar de que me han hecho ofertas fantásticas, por ejemplo, para el Mulato Gil. Pero no los compré para hacer negocios, así que he mantenido todo lo que he comprado, salvo un par de regalos que he hecho a gente muy cercana. 

 

SB: ¿Cuáles son sus obras favoritas y por qué?       

«La Gitana Esmeralda», que es el origen de mi colección. 

El «Cerro Santa Lucía» de Cosme San Martin también, no solo porque es un cuadro maravilloso, sino porque yo lo veía todos los días en mi antigua oficina. 

Pero el que más me impresiona como obra, es el del Mulato Gil de Castro, que es fantástico. Había ido en 1978 o 1979 a Europa y había ido al Museo del Jeu de Paume, que es el museo de los impresionistas, y allí había un cuadro de Manet, con un niño flautista [Nota SB: Edouard Manet, Le fifre, 1866], que se parece al del Mulato. Entonces, cuando salió a remate con Carroza, lo vi y se me quedó pegada la imagen del Manet. Tiene algo muy triste la historia de este cuadro. Cuando lo compré, se me acercó un señor de mucha edad que me dice: «Me alegro mucho que el cuadro haya quedado entre sus manos porque Jorge Carroza me comentó que era un coleccionista y no un marchant. Este cuadro ha estado en poder de mi familia desde 1830, desde que se pintó, y lo tuve que vender porque es lo único que me queda para pagar a mi hija un tratamiento médico que se tiene que hacer en Estados Unidos». Me quedé muy impresionado. En estos años, yo tenía una imprenta, entonces hacía tarjetas de Pascuas para repartir a los clientes y amigos, y ese año hice la tarjeta con el cuadro del Mulato Gil, y le mandé una a este caballero, que era nieto del Presidente Figueroa. Este cuadro además ha viajado mucho, porque lo presté por dos años para una exposición itinerante en Estados Unidos de los cien mejores retratos de América, siendo la portada del catálogo. También estuvo transitando un año y medio entre Perú, Argentina y Chile para otra exposición conjunta sobre Gil de Castro.         

El otro cuadro que me encanta es el de Fray Pedro de la batalla de Maipú. Para mi tiene un valor patriótico y épico. De este cuadro hizo varias versiones, me parece que una está en el Museo de las Fuerzas Armadas de Buenos Aires. Estas versiones tienen distintas poses y formatos, pero es siempre el mismo tema. Fray Pedro fue además un gran caricaturista, con el personaje de Von Pilsener.    

 

SB: Muchas gracias por conversar de su colección con Pintura Chilena.    

  

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